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< Versión 1.0
Millones de niños «desaparecieron» en Estados Unidos en 1987 >

Freakonomics

FreakonomicsFreakonomics: A Rogue Economist Explores the Hidden Side of Everything. Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner. 2005. Inglés, disponible también en castellano (Ediciones B): Freakonomics: Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta. Webs oficiales: Freakonomics (español), Freakonomics (inglés).

Había leído varias referencias sobre este curioso libro y al final lo encargué en el último pedido; la verdad es que está muy entretenido. Tal vez la mejor descripción es la de la propia contraportada y web del libro:

¿Qué resulta más peligroso: una pistola o una piscina? ¿Qué tienen en común un maestro de escuela y un luchador de sumo? ¿Por qué continúan los traficantes de drogas viviendo con sus madres? ¿En qué se parece el Ku Klux Klan a los agentes inmobiliarios? A través de ejemplos prácticos y una sarcástica perspicacia, Levitt y su coautor, Stephen J. Dubner, demuestran que la economía, en el fondo, representa el estudio de los incentivos: el modo en que las personas obtienen lo que desean, o necesitan, especialmente cuando otras personas desean o necesitan lo mismo.
En la línea de algunas obras divulgativas como Blink! o The Tipping Point (dedicadas a la psicología cotidiana), Frekonomics explora el lado económico del día a día y resulta igual de entretenido de leer. Casi todo son ejemplos reales, casos curiosos, probablemente generalizables, con los que el autor se encontró a lo largo de su carrera como economista. Haciendo uso de la estadística como herramienta matemática, explica el «lado oculto» de algunas situaciones corrientes, tales como los fraudes en los exámenes (tanto por parte de alumnos… ¡como de los profesores!), cómo funcionan ciertos grupos sociales en base a ciertos «incentivos» (desde los vendedores de crack al Ku Klux Klan) y cosas por el estilo.

Las historias del libro están basadas en ingentes cantidades de datos analizados con un poco de paciencia y sentido común. Se basan casi todas en una misma idea: Si en una situación se observan los efectos X e Y, puede ser que X sea la causa de Y, o bien que Y sea la causa de X, o bien que Z, un factor diferente, sea a la vez la causa de X e Y (tal vez con su presencia, tal vez con su ausencia). En la realidad solemos ver e intuir muchas relaciones entre X e Y pero a veces nos olvidamos de Z, o interpretamos X e Y al revés. Algunos de los grupos de datos que se utilizan en los análisis son registros de varias décadas sobre notas escolares, el mercado de la droga, los índices de criminalidad o los registros de ventas de casas.

Algunos ejemplos son bastante cotidianos y espectaculares: si envías a tus hijos a jugar a la casa de los vecinos, donde hay una piscina, y también guardan una pistola (algo bastante corriente en Estados Unidos) casi todo el mundo se preocuparía más por la presencia de la pistola que por la piscina. Sin embargo, es cientos de veces más peligrosa la piscina en términos absolutos (de accidentes mortales) que la pistola. Los seres humanos no somos muy buenos evaluando riesgos y esto queda patente en el libro.

Tampoco somos muy buenos adivinando las causas o razones históricas de ciertos cambios. Levitt razona que la disminución de la criminalidad en los 90 en EE.UU. se debió, no a las medidas policiales ni a los cambios en las leyes, sino a la despenalización generalizada del aborto en los 70. Menos niños no deseados implicaron décadas después menos criminales en las calles causando problemas. La explicación de este efecto es tal vez la más elaborada de todo el libro, analizando los datos estado por estado e incluso planteando casos inversos, como Rumanía, donde cuando Ceauşescu prohibió los abortos a finales de los 60 y décadas después la criminalidad aumentó notablemente.

El otro ejemplo que me encantó tiene que ver con la vivienda y los incentivos que cada persona recibe en su trabajo. Normalmente confiamos en un vendedor de una agencia para comprar o vender una casa. Pero esa persona trabaja a comisión. ¿Si le dejamos nuestra casa para que la venda, estará aconsejándonos siempre lo mejor para nosotros, o preferirá venderla más barata y ganar un poco menos de comisión, antes de tiempo? Levitt deduce con maestría que obviamente el agente hace lo que más le interesa a él, analizando qué sucede cuando los agentes venden sus propias casas (información que es pública en EE.UU.) Como muchos sospechan, los agentes se tratan «mejor» a sí mismos que a los clientes: mantienen las casas entre 10 y 20 días más en venta, esperando una oferta superior, y suelen venderla casi un cinco por ciento más caras que otras casas de las mismas características en las mismas zonas.

También me impactó la referencia a los millones de niños que «desaparecieron» en Estados Unidos en 1987, realmente hilarante.

Hay quien cuestiona que toda la información presentada por Levitt en el libro sea exacta y correcta, tal vez porque no está presentada formalmente, aunque en las notas finales hay múltiples referencias. De modo que los interesados deberán investigar más por su cuenta. En cualquier caso, casi todo lo que explica el libro suena muy de sentido común. Levitt y Dubner consiguen explicar el «funcionamiento interno» de algunos aspectos económicos y los impulsos humanos mediante el análisis de datos cotidianos. Así de sencillo. El libro, como casi todos los últimos grandes lanzamientos, mantiene también tiene un blog del autor: Feed RSS Steven D. Levitt donde se publican anotaciones relacionadas con esos temas de modo más informal.

Actualización: Carlos nos hace llegar un enlace a The Freakonomics Fiasco in Perspective que es un post donde se analiza la controversia sobre la afirmación de Levitt de que la legalización del aborto redujo la tasa de criminalidad. Allí se hace referencia al artículo del Wall Street Journal 'Freakonomics' Abortion Research Is Faulted by a Pair of Economists donde se explican los fallos, y la respuesta del propio Levitt en su blog. Al parecer uno fue no tener en cuenta los crímenes causados por la ola de crack que invadió américa en esos años (y eso que le dedica prácticamente un par de capítulos, analizando cómo funcionaban las bandas distribuidoras de droga); otro es un fallo en una de las fórmulas, que tomaban datos de arrestos «absolutos» en vez de «arrestos per capita» que sería más adecuado.

Actualización (20 de marzo de 2007): Blogorri me envió un recorte en PDF del diario Expansión hace un par de meses con una reseña bastante crítica de Freakonomics, hecha por el profesor de economía Aiel Rubinstein de la Universidad de Tel Aviv: Freak-Freakonomics [PDF, 100 KB]. Entre las muchas críticas que hace, una en concreto es al tema de los millones de niños desaparecidos en 1987 de las declaraciones de hacienda en EE.UU.,

Freak-Freakonomics – (…) Con cierto esfuerzo logré obtener los números «exactos». Resulta que dos millones de niños volvieron a aparecer inmediatamente…porque, en realidad, nunca desaparecieron. Para empezar, el número de niños cayó en cinco millones y no en siete millones, como se dice en el libro. También han de saber que para que un niño en EEUU reciba el correspondiente número de Seguridad Social, son sus padres quienes lo tienen que solicitar. Es fácil imaginarse cómo, justo la noche anterior a la fecha límite para entregar la declaración de la renta (siempre suele ser el 15 de abril del año en cuestión), muchos padres se dieron cuenta de que se habían olvidado pedir el número de la Seguridad Social para sus hijos. De hecho, otros dos millones de niños volvieron a las listas el 15 de abril de 1988. No he comprobado cada hecho en este libro cargado de hechos, pero este episodio debe conducir al lector a hacerse la pregunta que titula el capítulo siguiente: ¿Es cada «hecho» un hecho?
Estos datos podrían indicar que en vez de siete fueron cinco millones, los cuales realmente se quedarían en tres millones de «niños desaparecidos» (que tampoco es un dato despreciable). Creo que Levitt todavía no ha respondiendo a estas críticas y matizaciones de sus datos, pero seguramente si lo hace lo publicará en su blog. Tampoco se sabe si él tenía esos datos y no los añadió al libro o simplemente desconocía o no investigó lo que sucedió en los años siguientes.