Por @Wicho

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La Starliner Calypso con Butch Wilmore y Sunita Williams a bordo aproximándose a la Estación Espacial Internacional – NASA

Eric Berger ha tenido la oportunidad de entrevistar a Butch Wilmore y Sunita Williams ahora que están de vuelta de su viaje a la Estación Espacial Internacional (EEI) en lo que era la primera misión tripulada de la Starliner de Boeing y de su vuelta en una Crew Dragon de SpaceX. Y lo que cuentan es realmente preocupante. La misión fue mucho más peligrosa de lo que suponíamos y por supuesto mucho más de lo que Boeing y la NASA dejaron ver.

Tras el lanzamiento la cápsula en general y más en concreto su sistema de maniobra se comportaron perfectamente. Pero al día siguiente, tras pasar una noche de frío porque el sistema de control ambiental no parece capaz de distinguir si hay dos o cuatro personas a bordo, las cosas cambiaron. Y mucho.

Los problemas serios comenzaron cuando ya estaban acercándose a la Estación para acoplarse con ella. En la fase final de la maniobra empezaron a fallar motores de maniobra uno tras otro hasta que se encontraron con que había tres fuera de servicio. Dice Wilmore que la cápsula parecía otra; que la agilidad en la respuesta a sus comandos de las primeras horas había desaparecido y que se había vuelto lenta, que la nave no parecía la misma. Que era capaz de mantener el control pero que no era lo mismo.

A esas alturas, según las normas establecidas de antemano para la misión, ya tenían que haber abandonado la aproximación a la Estación y volver a Tierra. Pero en el control de la misión decidieron que se iban a saltar esa norma, lo que no es raro durante una misión. Una cosa es lo que planeas de antemano y otra es lo que decides una vez que te ves en faena. El problema es que entonces falló un cuarto propulsor, lo que hizo que la cápsula perdiera la capacidad de moverse hacia adelante.

En palabras de Wilmore:

Ya hemos pasado el punto en el que debíamos irnos. Y ahora ya no tenemos redundancias mientras yo controlo la cápsula en modo manual.

[…]

No sé si podremos volver a la Tierra en ese momento. No sé si podemos. Y de hecho, estoy pensando que probablemente no podamos. Así que ahí estamos, sin poder controlar todos los ejes, con cuatro propulsores de popa fuera de línea, y estoy visualizando la mecánica orbital. La Estación espacial apunta hacia abajo. Así que no estamos exactamente a nivel con la estación, sino por debajo de ella. Si estás por debajo de la Estación, te mueves más rápido. Esa es la mecánica orbital. Va a hacer que te alejes de la Estación. Así que estoy repasando todo esto en mi mente. No sé qué control tengo. ¿Qué pasa si pierdo otro propulsor? ¿Qué pasa si perdemos la comunicación? ¿Qué voy a hacer?

Entonces desde el control de la misión le sugieren reiniciar el sistema de propulsión, algo que no le hace mucha gracia porque no saben realmente cuál va ser el resultado. Y al menos en el modo manual en el que está manejando la cápsula tiene algo de control sobre ella.

Pero las alternativas tampoco eran mucho mejores, ya que la Estación estaba muy cerca, mientras que una vuelta a Tierra implicaba conseguir mantener su precario control durante mucho más tempo. Así que cuando sintió que la cápsula estaba más o menos estabilizada soltó los controles manuales y desde el control de la misión reiniciaron los propulsores.

Eso recuperó dos de los cuatro que habían fallado. Pero al poco tiempo falló otro propulsor distinto. Con tres propulsores fuera de servicio Wilmore volvió a tomar el control manual, aunque de nuevo con respuestas lentas. Y de nuevo sin ningún tipo de redundancia.

Así que desde el control de la misión deciden reiniciar el sistema de maniobra una vez más, lo que por fin recupera todos menos uno de los propulsores y finalmente permitió que la nave atracara de modo autónomo en la Estación.

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La Starliner Calypso por fin acoplada a la Estación Espacial Internacional – NASA

Dice Sunita Williams:

Estaba muy contenta. Si recuerdas el vídeo, cuando llegamos a la Estación Espacial, hice un pequeño baile de la felicidad. Primero, por supuesto, porque me encanta estar en el espacio y estoy feliz de estar en la estación espacial y [con] grandes amigos allí arriba. En segundo lugar, me alegré de que la Starliner se acoplara a la Estación Espacial. Mi sensación en ese momento era como, «Oh, uf, vamos a tomarnos un respiro y tratar de entender lo que pasó».

Pero Wilmore añade que ya entonces estaba bastante convencido de que no volverían a casa en la Starliner, como así sucedió al final, pues la cápsula volvió vacía.

Sin embargo la NASA sigue trabajando en certificar la Starliner para su uso. La idea siempre ha sido disponer de al menos dos cápsulas tripuladas para los relevos de tripulaciones en la EEI, entre otras cosas por si una queda fuera de servicio por lo que sea. Aunque al ritmo que van igual retiran la Estación antes de que la Starliner quede certificada por la agencia.

Por un lado están haciendo una serie de pruebas y modificaciones para evitar que los propulsores se desconecten. Esas modificaciones incluyen tanto hardware, con la instalación de aislamientos térmicos entre propulsores adyacentes, como ajustes en el software para que la cadencia de disparo de los propulsores una vez en órbita evite que se sobrecalienten.

Por otro están también trabajando en nuevos sellados en el sistema de presurización por helio, que llegó a desarrollar hasta cinco fugas durante la misión de Wilmore y Williams

Con los resultados de esas pruebas la NASA decidirá si lanza otra misión no tripulada aunque con carga para aprovechar el viaje, otra misión tripulada –aunque a ver quién se atreve a volarla– o qué.

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Por @Wicho

Ilustración de la Resilience en el espacio
Impresión artística de la Resilience en el espacio durante la misión – Fram2

Imagen de la Tierra tomada desde la Resilience
La Tierra vista desde la Resilience en una imagen capatada por una cámara situada en la cubierta de la cúpula transparente de observación de la cápsula – Fram2

Esta pasada madrugada un cohete Falcon 9 de SpaceX lanzaba la misión Fram2. Ha dejado a la Crew Dragon Resilience en una órbita inicial de 202×413 km y 90,01° de inclinación, aunque luego será circularizada. Esto se traduce en que está orbitando la Tierra de polo a polo. Aunque la órbita polar es muy popular para los satélites de observación terrestre Fram2 es la primera misión espacial tripulada en orbitar la Tierra de polo a polo.

Superarán con creces los 65,1 grados de inclinación de la misión de Valentina Tereshkova a bordo de la Vostok-6, hasta ahora la misión tripulada con mayor inclinación orbital. La Estación espacial Internacional (EEI), por ejemplo, está en una órbita de 51,6°.

Se puede seguir su posición en tiempo real en la página Follow Dragon.

Parche de la misión con cuatro figuras vestidas con los trajes espaciales de SpaceX saludando a una bandera con la X de la empresa colocada sobre una tienda de campaña plantada en el polo; en el cielo se ve una aurora boreal con los apellidos de la tripulación inscritos en ellaEl nombre de la misión rinde homenaje al Fram, el barco que fue usado en las expediciones a las regiones árticas y antárticas por los exploradores noruegos Fritjof Nansen, Otto Sverdrup, Oscar Wisting y Roald Amundsen entre 1893 y 1912. E inicialmente estaba prevista que fuera llevada a cabo en la Crew Dragon Endurance como homenaje al navío con el mismo nombre de la expedición polar de sir Ernest Shackleton. Aunque por disponibilidad de las cápsulas, aparte de retrasar el lanzamiento de la misión, originalmente previsto para noviembre de 2024, al final han tenido que usar la Resilience.

La tripulación está formada por el emprendedor en criptomonedas y aventurero Chun Wang como comandante; la directora de cine y fotografía especializada en entornos extremos Jannicke Mikkelsen como comandante de la nave; el aventurero polar y guía Eric Philips como piloto; y la investigadora en robótica Rabea Rogge como especialista de la misión. Es la primera vez en el espacio para todos.

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La tripulación de la misión. De izquierda a derecha Eric Philips, Jannicke Mikkelsen, Chun Wang y Rabea Rogge – SpaceX

La misión, que durará cuatro días, permitirá a la tripulación disfrutar de las vistas y llevar a cabo 22 experimentos científicos y proyectos de investigación.

Tras la separación de las etapas, la primera etapa del Falcon 9, que volaba en su sexta misión, aterrizó en la barcaza A Shortfall of Gravitas, así que podrá seguir acumulando misiones.

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Por @Wicho

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Impresión artística del aterrizaje de la misión en Marte – Airbus

La Agencia Espacial Europea (ESA), junto con Thales Alenia Space, el contratista principal de la misión, acaba de anunciar que ha contratado a Airbus para construir una nueva plataforma de aterrizaje para la misión ExoMars.

ExoMars, que empezó su desarrollo en 2001, está formada por dos componentes: un orbitador, que fue lanzado como ExoMars 2016 y que lleva en servicio alrededor de Marte desde 2018, y el rover Rosalind Franklin.

Rosalind Franklin tenía que haber sido lanzado como ExoMars 2018 en, efectivamente, 2018. Pero no estuvo listo a tiempo. Ni como ExoMars 2020. Y aunque por fin estaba listo para ser lanzado como ExoMars 2022 la rotura de relaciones entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la agencia espacial rusa Roscosmos tras la invasión de Ucrania hizo que se quedara sin plataforma de aterrizaje, que ponía Rusia. Así que tampoco pudo ser lanzado ese año.

Pero aún así la ESA decidió seguir intentando lanzar el rover, pues será el primero capaz de tomar muestras hasta dos metros por debajo de la superficie del planeta gracias a su taladro. Si esta vez todo va según lo previsto despegará en 2028 para aterrizar allí en 2030.

La nueva plataforma es muy similar a Kazachok, la plataforma rusa que no llegó a ser utilizada. Tras la maniobra de frenado atmosférico y el descenso en paracaídas hará un aterrizaje sostenido por sus cuatro motores. Una vez sobre la superficie de Marte, desde el control de la misión decidirán por cuál de las dos rampas de descenso de la plataforma bajará el rover a la superficie.

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Impresión artística de Rosalind Franklin bajando a la superficie de Marte – Airbus

Aunque disponer de una plataforma de aterrizaje quizás no sea el final de los eternos problemas de esta misión, ya que junto con Kazachok la invasión de Ucrania por parte de Rusia también supuso que se quedara sin lanzador, que iba a ser un cohete Protón.

Ahora se supone que lo pondrán los Estados Unidos. Pero en el clima de tensión internacional que está creando la administración Trump y a la vista del recorte de gastos que quiere imponer a la NASA, yo no las tengo todas conmigo.

La colaboración de la NASA se supone que también incluye calentadores de radioisótopos (RHU) a base de plutonio-238 que servirán para mantener la temperatura de los componentes del rover a niveles compatibles con la vida electrónica. Y, de nuevo, habrá que ver si se mantiene.

Será la tercera vez que la ESA intente aterrizar en nuestro planeta vecino. La primera fue en 2003, con el aterrizaje de la sonda Beagle, que si bien se posó de una pieza sobre él, no llegó a entrar en servicio porque sus paneles solares no se desplegaron correctamente. La segunda fue en 2016, con el intento de aterrizaje del módulo Schiaparelli, que era un demostrador para el aterrizaje de ExoMars 2018. Aunque un error de software hizo que terminara estampado contra el suelo.

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Por @Wicho

Después de dos intentos cancelados por la mala meteorología hoy a las 12:30, hora peninsular española (UTC +2) despegaba la misión Going Full Spectrum de la empresa alemana Isar Aerospace. Se trataba del primer intento de lanzamiento orbital por parte de una empresa europea. Y del primer intento de lanzamiento orbital desde Europa continental. Pero la misión terminó unos 30 segundos después del lanzamiento cuando el cohete se estrellaba en las proximidades de la plataforma de lanzamiento.

Durante los primeros 15 segundos o así de la misión todo parecía ir bien mientras el Spectrum se elevaba y libraba la torre de lanzamiento. Pero a los aproximadamente 18 segundos empezaron a producirse oscilaciones longitudinales cada vez más fuertes que terminaron por hacer que el cohete se girara casi 180 grados.

Esto llevó a activar el sistema de terminación de vuelo –básicamente apagar los nueve motores Aquila de la primera etapa– lo que hizo que el Spectrum se precipitara contra el suelo y causara la correspondiente explosión.

La retransmisión oficial no permitió ver el impacto, aunque un vídeo publicado más tarde permite ver que el cohete cayó al agua y no sobre la plataforma como daba la impresión en algunas imágenes grabadas por otras vuentes. El CEO de la empresa dice que tampoco ha habido que lamentar daños personales.

Su cohete es el Spectrum, que mide 28 metros de largo y dos de ancho y consta de dos etapas fabricadas en compuestos de carbono. La primera monta nueve motores Aquila; la segunda uno. Son motores que, igual que el resto del cohete, han sido desarrollados por la empresa. Utilizan propano y oxígeno líquidos como propelentes. El motor de la segunda etapa puede hacer múltiples encendidos, lo que permite al Spectrum colocar cargas útiles en distintas órbitas.

Tiene una capacidad de 1.000 kilos a órbita baja terrestre y de 700 kilos a órbita sincrónica al Sol, ya sea en lanzamientos dedicados o compartidos. Desde Andøya, debido a su elevada latitud, serán lanzamientos a órbitas polares o sincrónicas al Sol. Pero Isar Aerospace tiene un acuerdo con el espaciopuerto europeo de Kourou para poder lanzar desde allí, lo que le permitiría llegar a órbitas ecuatoriales o de baja inclinación.

Hay que reconocer el mérito a Isar Aerospace de haber conseguido llegar a un intento de lanzamiento orbital en apenas siete años, en especial teniendo en cuenta que tanto el cohete como los motores son diseños propios de la empresa. Y no hay duda de que habrán aprendido cosas con el lanzamiento de hoy.

Pero habrá que ver cómo siguen adelante y cuándo pueden volver a intentarlo. Ya tienen dos cohetes más en producción pero dependerá mucho de qué modificaciones haya que hacer en ellos a tenor de lo sucedido hoy.

Y, en cualquier caso, cualquier avance en el sentido de que Europa pueda disponer de una capacidad de lanzamiento independiente es muy importante, en especial en el clima político actual.

En ese sentido Isar Aerospace ha recibido hasta ahora tres rondas de cofinanciación de la Agencia Espacial Europea (ESA), dentro del programa Boost! que tiene como objetivo apoyar las iniciativas comerciales que ofrecen servicios de transporte al espacio, en el espacio y de retorno de cargas del espacio.

Está previsto que el programa siga dando soporte a los preparativos del segundo vuelo de prueba del Spectrum y a la ampliación de las instalaciones de producción en la nueva sede de la empresa en Vaterstetten (Alemania).

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