Tras una más que distinguida carrera como astronauta de la NASA a partir del próximo uno de noviembre Christina Koch asume el puesto de ingeniera jefe adjunta en funciones de la agencia. En ese puesto deja de formar parte del grupo de astronautas que pueden volar en futuras misiones. Así que ya no queda nadie de la misión Artemisa II alrededor de la Luna en activo.
El primero en retirarse fue el canadiense Jeremy Hansen, quien lo anunció en julio aunque no fue efectivo hasta septiembre; luego vino el anuncio de que Reid Wiseman y Victor Glover, respectivamente comandante y piloto de la misión, pasaban a ser astronautas eméritos, lo que también los saca del servicio activo. Y ahora Christina Koch, que era la que quedaba.
Imagino que los cuatro vieron que dado el tempo de la agencia a la hora de asignar misiones en general y dentro del programa Artemisa en particular era bastante improbable, si no directamente imposible, que volvieran a ir al espacio.
Aparte de sobrevolar la Luna a bordo de Artemisa II, Cristina Koch pasó 328 días consecutivos a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), estableciendo un nuevo récord de permanencia en el espacio de una mujer, y también participó en los primeros paseos espaciales realizados íntegramente por mujeres. Así que experiencia no le falta desde el punto de vista de los astronautas para su nueva plaza como ingeniera.
Hace unos meses recibía el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, y precisamente por eso la semana que viene estará en Oviedo para recogerlo y participar en diversos actos relacionados.


En el caso de Ledger, los dispositivos afectados eran Nano X vendidos por el distribuidor CryptoBilis. Le habían añadido un pequeño chip que leía las 24 palabras secretas de la pantalla cuando el comprador configuraba la wallet y entonces las enviaba a un lugar secreto mediante una eSIM oculta. Con eso, los atacantes podían reconstruir la cartera en otro dispositivo y simplemente vaciarlo. Se encontraron varios de esos «dispositivos espía» en las wallets Ledger vinculadas con los robos. Según algunos investigadores externos, las pérdidas rondarían los 93 millones de dólares, una cifra que no es moco de pavo.