Por @Wicho — 26 de Mayo de 2026

Foto del calefactor con el mando a distancia y un móvil con la appHace unos meses decidí comprar un calefactor para mi despacho por aquello de mantenerlo a una temperatura compatible con la vida humana. Tenía claro que lo quería cerámico y programable. Así que buscando, buscando, di con el Atom One de Dreo en su versión con WiFi, con el que estoy encantado.

El Atom One es un pequeño cacharro que mide 18×18×30 centímetros y pesa 1,86 kilos por si lo vas a andar moviendo por ahí. Si hacemos caso de las fotos de producto se supone que es para colocarlo sobre una mesa, aunque cuando llegó yo lo coloqué debajo de mi mesa para que eche el calor hacia mis pies y piernas antes de que suba el aire caliente y ahí se ha quedado desde entonces.

La potencia es de 1.500 vatios y en apenas un par de segundos está echando calor. Tiene tres velocidades de funcionamiento del ventilador, H1, H2 y H3, además de un modo eco. Yo lo tengo en modo eco y es súper silencioso. También puede funcionar el modo ventilador, también muy silencioso aunque no enfría el aire; sólo lo mueve. Puedes combinar cualquiera de los modos de funcionamiento con un movimiento de oscilación de 70 grados a cada lado para que se distribuya mejor el aire.

Incorpora un sensor anti vuelcos que me parece especialmente importante en el caso de que lo coloques debajo de la mesa, dónde le puedes dar una patada o el paso de una escoba o fregona puede tumbarlo.

La temperatura se puede ajustar entre los 5 y los 35 °C, lo que me parece un rango un tanto extremo por los dos lados, en incrementos de un grado. Al arrancar su objetivo es alcanzar la temperatura que le hayas programado y luego mantenerla. Para alcanzarla le da más caña al ventilador; luego baja su velocidad cuando la alcanza.

Puedes ajustar la temperatura deseada –y si la quieres en grados Celsius o Fahrenheit– así como el resto de las funciones utilizando la botonera en su parte superior, el mando a distancia, lo que es mucho más cómodo si lo tienes bajo la mesa, o desde la app de Dreo. Desde la app, además, puedes ajustar un offset de temperatura por si es necesario compensar la diferencia que pueda haber entre la que mide el sensor del calefactor y la que hay donde tú estás.

Según el fabricante puede calentar habitaciones de entre 10 y 15 metros cuadrados en unos 5-10 minutos y de hasta 20 m² en menos de una hora. Para espacios más grandes puede ser insuficiente, aunque lo puedes usar para calentar una parte.

WiFi y asistentes variados

Imagen de la app en un iPhoneHay una versión sin WiFi de este calefactor, pero me alegro mucho de haberme gastado unos euros más en la que la sí lo tiene. Una vez configurada a través de la app –tiene que se runa WiFi de 2,4 GHZ– tienes control del calefactor desde cualquier sitio.

Que es cierto que puedes programarlo, como he hecho yo, por ejemplo, para que se encienda un cuarto de hora antes de mi horario de llegada habitual y que se apague a mi hora de salir. Y que haga eso, por ejemplo, de lunes a viernes, con lo que sólo consumes un programa de los diez que admite. Puedes programar un modo específico de funcionamiento para el encendido o dejar que arranque en el modo en el que estaba al apagarse.

Pero como no todos los días estoy en mi despacho mola poderlo apagar en remoto si no voy a estar, por aquello de no desperdiciar corriente por mucho que no la vaya a pagar yo.

Y si no lo tienes programado con la app también puedes ver la temperatura de la habitación en la que está y decidir si lo quieres encender un rato antes de llagar para que vaya haciendo lo suyo.

Además no sólo es programable sino que puedes controlarlo de forma nativa con Alexa y con el Asistente de Google e incluso con Apple Home si usas Homebridge, ya que hay un plug in para ello. Aunque he de decir que como no tengo mi despacho domotizado –quizás debería decir aún– no he probado ninguna de estas tres opciones; me he apañado perfectamente con su programación interna.

En fin, que estoy encantado con los 80 euros que he invertido en él para no palmar de frío. Pero ojo al pedirlo, asegúrate de que marcas el estilo WiFi si no te sale escogido directamente al pinchar en el enlace.

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El enlace a Amazon lleva nuestro código de asociado. Así que si compras el calefactor y puede que alguna cosa más que no tenga nada que ver tras seguirlo a lo mejor cobramos alguna pequeña comisión.

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Por @Alvy — 26 de Mayo de 2026

Cómo arrancar un proyecto en internet al estilo «mínimo viable» con el presupuesto mensual de unos cafés (menos de 10 euros)

Me encontré dentro de EU Alternative con esta Guía para arrancar un proyecto al estilo mínimo viable por menos de 10 euros al mes que es una buena descripción de lo que se necesita y lo que cuestan las cosas si se va al merme. No requiere alquilar un centro de datos en las montañas ni negociar con bancos para el uso de tarjetas de crédito. Básicamente, propone un «stack» o conjunto de herramientas y soluciones por menos de 10 euros mensuales. Además, todo se mueve en Europa, no por nada, sino porque está disponible y es una alternativa a las soluciones habituales americanas (Google, Amazon, etcétera).

La lista de propuestas incluye enlaces directos a diversas herramientas y servicios, en todos estos campos que son los que se suelen necesitar (al menos al principio) para arrancar el proyecto:

  • Alojamiento
  • Correo para transacciones
  • Boletines y márketing por correo electrónico
  • Analíticas
  • Monitorización
  • Formularios
  • Autenticación
  • Pagos
  • Lo que cuesta realmente
  • Preguntas frecuentes (FAQ)

El gasto fijo más importante sería el alojamiento en un servidor tipo (servidor privado virtual, es decir, compartido con otras webs en la misma máquina) por unos 7 euros al mes. El resto son servicios gratuitos permanentes, aunque algunos tienen limitaciones si aquello crece sobremanera. Por cierto que los certificados seguros TLS de Let’s Encrypt siguen siendo para mi de los más fiables, y son gratis (aunque americanos).

Están el correo para transacciones (cambiar contraseñas, emails de confirmación, etcétera; los boletines (newsletters) con un límite de hasta 2.500 suscriptores (en Sender.net, más que suficiente para muchos), analíticas (con Simple Analytics como alternativa a Google Analytics) formularios, autenticación o monitorización; y para monitorización UptimeRobot que es el que usamos nosotros y va genial (no sabía que estaban en Eslovaquia).

También proponen soluciones para formularios (Tally), la parte de autenticación (gestionar cuentas, contraseñas y passkeys, etc. más allá de Google, aunque para las cuentas y API de Google es gratis) y pagos (Mollie) que aunque siempre hay alguna inevitable comisión de bancos al menos no requiere una cuota mensual, de modo que el «paga sólo cuando vendas» se convierte en algo real.

Es interesante que todo esto no se plantea como una «cuestión ideológica de soberanía digital» ni como discurso antiestadounidense. La tesis es más simple y bastante terrenal: arrancar un proyecto pequeño puede ser tan barato como el equivalente a unos cafés; no hace falta montar una colección de servicios sobredimensionados y carísimos para un producto que empieza con cero usuarios.

Conozco incluso quien añade 5 euros para alquilar por un año un dominio .com que esté libre en alguna oferta de hosting de esas locas que surgen de vez en cuando, y ya si eso dentro de 12 meses se verá si la idea y el proyecto llegaron a algún lado y merece la pena renovarlo.

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Por @Wicho — 25 de Mayo de 2026

Cruce de cables: Cómo era viajar cuando no existía la navegación mediante GPS y había que tirar de mapas en papelEste pasado fin de semana David Sierra y yo estuvimos hablando de la llegada de Bizum a las tiendas como forma de pago.

Como clientes no supone gran diferencia; podremos pagar con nuestro móvil tras autenticarnos igual que hacemos ahora con la tarjeta del cajero automático o con una tarjeta de crédito.

La diferencia fundamental está en el que los comercios recibirán el dinero al instante, igual que cuando sales a comer con un grupo de amigos y al final le haces un Bizum a quien ha pagado. Eso les asegura que cada día dispondrán del importe de lo que han cobrado por ese medio sin necesidad de que su entidad bancaria lance el proceso de transferencias diario, semanal, o lo que sea.

Lo que pasa es que aunque se supone que iba a estar activo hace una semana, el pasado lunes 18, al final les ha pillado el toro y será más bien una implantación paulatina. De hecho no se espera que Bizum Pay, la app que servirá para darle soporte, esté disponible antes del uno de junio. Y a ver.

En cualquier caso desde Bizum dicen que cuentan con que antes de fin de año toda persona que quiera utilizar esta nueva opción podrá hacerlo; aunque los establecimientos también tendrán que solicitarlo.

Aparte de facilitarnos la vida un poco más, en especial a los comerciantes, esto podría ser el principio de una iniciativa europea que ofrezca un sistema de pago que escape del cuasi monopolio que tienen Mastercard y Visa, las dos empresa estadounidenses, sobre ello. Por aquello de la soberanía digital y tal. De nuevo, veremos.

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Por @Alvy — 24 de Mayo de 2026

El origen y cronología de los símbolos matemáticos, desde la suma a la flecha de transformación / Imagen: GPT 5.5

Esta página llamada MacTutor de la Escuela de Matemáticas y Estadística de la Universidad de St. Andrews en Escocia tiene una interesante sección dedicada a Los primeros usos de diversos símbolos matemáticos. Contiene un montón de referencias e historias antiguas que, si las ordenas cronológicamente, vienen a explica cuándo fue el primer uso conocido de cada símbolo:

  • 1356 → + (suma, hasta 1557 significaba «exceso»)
  • 1489 → (resta)
  • 1525 → (raíz cuadrada)
  • 1618 → × (multiplicación)
  • 1631 → ± (más/menos)
  • 1637 → (exponentes)
  • 1659 → ÷ (división)
  • 1676 → x⁻¹ (exponentes negativos y fraccionarios)
  • 1684 → : (división/proporción)
  • 1698 → · (multiplicación, con punto)
  • 1755 → Σ (sumatorio)
  • 1812 → (producto)
  • 1841 → |A| (determinante)
  • 1936 → (flecha matemática)

Estos son solo los básicos, porque también incluye todos estos otros:

  • Operaciones: +, −, ×, ÷, raíces, exponentes
  • Agrupación: (), [], {}
  • Relaciones: =, >, < y similares
  • Constantes: π, e, i, 0 y otras
  • Variables y funciones: x, y, f(x), log, ln, |x|
  • Geometría y trigonometría: ángulos, sin, cos, tan…
  • Cálculo: ∫, derivadas, ∂, Δ
  • Matrices y vectores: notación matricial moderna
  • Conjuntos y lógica: ∈, ∪, ∩, ∀, ∃
  • Probabilidad y estadística: P(A), μ, σ, E(X)

Visto lo visto, a mi me parecen fechas muy cercanas en el tiempo, y se me hace difícil imaginar cómo expresarían los griegos, romanos o las gentes de la alta edad media algo tan sencillo como una suma (+). Por lo que he visto, los romanos por ejemplo simplemente usaban palabras: «II et II sunt IV» (2 + 2 = 4) o en el caso de los griegos, «Β και Γ γίνονται Ε» (tres añadidos a cuatro producen siete); los demás debían hacer algo parecido. El símbolo de la suma como tal data de 1356 (reemplazando al latín «et») pero incluso así no tendría su significado actual hasta 1557, porque + y - eran originalmente «exceso» y «defecto».

El primer símbolo «moderno» más antiguo parece ser el de la raíz cuadrada, usado por Leonardo de Pisa (Fibonacci) en 1220 aunque luego se menciona que hasta 1525 no se popularizó como tal. Otros símbolos como × para la multiplicación parecen muy tardíos (1618). Entre los nombres propios de los precursores y popularizadores de la notación matemática actual aparecen muchos conocidos además de Fibonacci: Descartes, Newton, Leibniz, Euler, Gauss y Napier, entre otros.

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