¡Que arda Troya! Congratulémonos de la existencia de Most Hated Tools, que es exactamente lo que parece: un lugar donde votar qué software preferirías borrar de tu vida. La mecánica es deliciosamente miserable, como un Hot or Not? pero del software. Y en negativo. Aparecen dos aplicaciones enfrentadas y hay que elegir cuál merece ser arrojada al vertedero de la basura, a esa charca inmunda de la que nunca debió salir para instalarse.
El sistema es tan sencillo como cruel: va mostrando enfrentamientos y tras el pulgar arriba o abajo calcula para cada contendiente un delete rate o porcentaje de veces que alguien lo mandaría al cadalso. No hace falta registrarse, y la propia web avisa de que el resultado es completamente acientífico, como debe ser, aunque los votos están limitados por navegador. A estas alturas ya lleva más de 18.000 votos, suficientes como para confirmar que el odio informático podría ser una auténtica fuente de energía renovable.
El ranking debería hacer ver a algunas empresas que ese «software estrella» que alguien decidió que era imprescindible para trabajar en realidad consigue que trabajar resulte más difícil. Hay todo tipo de herramientas corporativas y aplicaciones de «productividad» (el Top #1 del odio es Microsoft Teams), de comunicación, desarrollo (Oracle, #2, SAP #7) y ofimática (Word, Powerpoint…) por no hablar de clásicos odiables como Windows Update, AWS Console y redes sociales mierder como LinkedIn, o una buena representación de la IA más casposa (Siri, Grok, Meta AI). Todas compitiendo por descubrir cuál provoca antes el deseo de cerrar el portátil y dedicarse profesionalmente a cuidar cabras.
Cada duelo tiene una crueldad especial porque obliga a escoger. Es como preguntar si prefieres pisar una pieza de Lego descalzo o ajustarle la hora al horno de casa de la abuela el día de Nochebuena, porque «tú que eres informático…» Lo mejor es que este entretenimiento no pretende extraer conclusiones profundas ni convertir el cabreo colectivo en una sesuda encuesta de experiencia de usuario. Es puro desahogo digital: votar, añorar verlos a todo ese software arder en el infierno, algunos vuelta-y-vuelta, y pasar al siguiente enfrentamiento.
Es una especie de Champions League donde todos los equipos juegan fatal y el trofeo debería ser una desinstalación silenciosa no olvidando ni un fichero sin planchar con ceros. Y es que aunque en Internet se han inventado innumerables sistemas para puntuar el software con estrellas, recomendaciones y diplomacia aquí la máxima distinción que puede recibir un software es que alguien decida que prefiere conservarla, visto lo visto.
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En el proyecto llevan trabajando más de un año y medio. Es un mix de recreación histórica, ingeniería y reutilización tecnológica, entre otras cosas. La característica estructura de «asientos en C» del Cray-1 está recreada con bastante detalle, aunque en vez del rojo, azul o amarillo que solemos ver en las fotos históricas aquí luce los colores verde, blanco y negro de Extremadura (buen guiño a la región).
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