Por @Alvy — 5 de Junio de 2026

Un libro impreso en 3-D que se escribe a sí mismo, más o menos

Este pequeño libro titulado Manual, creado por Darius Ou y Benson Chong está impreso en 3-D: desde las páginas a la encuadernación y el texto en relieve; todo sale tal cual de la máquina, sin tener que añadir nado.

La gracia está en la autorreferencia del asunto: lo que aparece en sus páginas es parte del código G utilizado por la impresora usa para fabricar el propio libro. En otras palabras; Manual no solo «cuenta» algo, sino que lleva grabada la historia de cómo fue creado.

El proyecto usa una técnica llamada XY-for-Z, que permite imprimir el libro ya encuadernado como un objeto que puede sostenerse, abrirse y leerse a simple vista. Sus autores lo plantean como un r-book, o libro autorreplicable: algo a medio camino entre el libro físico y el electrónico, capaz de «clonarse» a sí mismo, un poco en la línea del proyecto RepRap. La idea es que el archivo de código podría viajar por internet y luego materializarse físicamente en otro sitio. En forma de píxeles como puños, pero en versión capas de plástico.

El asunto, eso sí, tiene un poco de truqui. De momento Manual tiene un límites muy físico: su primera versión sólo contiene el 2,5% de su propio código G. Incluir más sería complicado porque cada nueva letra impresa añadiría más datos que describir, creando una especie de bucle sin fin, que de momento es creciente, hasta que vean cómo pueden optimizarlo. Muy autorreferente todo.

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Por @Alvy — 4 de Junio de 2026

Words of Type: una  enciclopedia sobre tipografía con más de 200 términos especializados

Words of Type es una enciclopedia tipográfica gratuita en varios idiomas que explica lo que es cada término relacionado con el fascinante mundo de la tipografía con dibujitos, mucho amor al arte y, sobre todo, orden.

Esta enciclopedia visual de términos tipográficos, ilustrados y explicados, está pensada para estudiantes, diseñadores, profesores, curiosos y gente que alguna vez ha llamado «rabito de la letra» a una serifa o «rayita vertical» a un asta. Ahora mismo incluye 200 términos, con categorías que van desde la anatomía de las letras hasta los conceptos históricos, tecnológicos y ciertos términos específicos de distintos sistemas de escritura.

El proyecto lo inició Lisa Huang, una diseñadora que se extrañó de que hubiera muchísima información en inglés sobre tipografía latina pero bastante menos en francés, todavía menos en chino y grandes lagunas en otros idiomas. De ahí salió la idea de reunir descripciones breves, claras y traducidas, con ilustraciones que ayudan a entender cada concepto. La web se estrenó en enero de 2025 no sin dificultades con la financiación del proyecto, que hasta tiene un manifiesto. Para 2026 el plan incluye charlas y talleres.

Cada término aparece como una ficha limpia y elegante, con una ilustración, una explicación, referencias al tipo de letra usado y, en muchos casos, notas históricas, técnicas o de uso. Incluye ejemplos de caracteres, glifos, signos, idiomas y formas de escritura. Lo mismo explica lo que es el kerning que para distinguir una tipografía de una fuente.

Además de en inglés, español, francés y alemán también está en chino simplificado y en japonés. Además están trabajando en otros idiomas. Hay algunas entradas sobre escrituras como el árabe, el griego o el tailandés. No pretende ser «la» enciclopedia definitiva de la tipografía, sino más bien un pero la web está creada con el buen gusto de quien sabe que incluso una coma o un simple espacio en blanco merecen su pequeña biografía.

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Por @Alvy — 4 de Junio de 2026

HP-16C Edición de Coleccionista, una calculadora retro para programadores que trabajan con bits y hexadecimal

Esta preciosidad es la HP 16c edición de coleccionista, una calculadora para programadores muy mítica que HP lanzó hace más de 35 años. Ya de lejos y por su aspecto huele a hexadecimal, RPN (notación polaca inversa) y mucha nostalgia de bolsillo.

Es una de esas rarezas tecnológicas que pusieron en el mercado algunas compañías. Esta estaba pensada específicamente para informática y para trabajar en binario y otras bases. La HP 16c original se fabricó entre 1982 y 1989, costaba unos 150 dólares de la época y fue, curiosamente, la única calculadora específica para programadores que llegó a fabricar HP.

Era una especie de navaja suiza para navegar entre números enteros, diferentes bases numéricas y operaciones binarias. Permitía trabajar en hexadecimal, decimal, octal y binario, convertir entre bases, mover la «ventana» de visualización para ver enteros largos y ajustar el tamaño de palabra entre 1 y 64 bits. También podía hacer operaciones como desplazamientos, rotaciones, máscaras y lógica binaria, además del complemento a uno, complemento a dos y con enteros sin signo.

La máquina original tenía una pantalla LCD de 10 dígitos, entrada RPN (4+2 se escribía 4, 2, +) , un procesador HP especializado y hasta 203 bytes entre registros y programas. ¡Eran otros tiempos! Como curiosidad, un programa de ejemplo para calcular los factoriales entre 2 y 69 ocupaba solo 9 bytes. Bruto pero eficiente.

La nueva HP 16c Edición de Coleccionista mantiene el diseño y la filosofía de la original, pero añade mejoras modernas, como mayor velocidad y una programación más «refinada». HP y una empresa con licencia que se dedica este tipo de gadgets la tienen ahora mismo en preventa con descuento hasta julio.

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Por @Alvy — 2 de Junio de 2026

Cruce de cables: El software abandonado que sostiene el mundo / Imagen: GPT 5.5El otro día recordé con David Sierra de Cruce de cables (RNE) el problema del software abandonado del que dependen muchísimos proyectos de todos los tamaños, muchas veces aunque la gente no sepa ni que está ahí. Puede escucharse aquí:

Y qué mejor forma de visualizar el problema que la archifamosa viñeta de XKCD que más de una vez hemos mencionado por aquí:

Dependency / XKCD

El caso es que una parte importante de Internet y del software moderno se basa en pequeñas piezas de código mantenidas por una o dos personas desde su casa. Es una situación que se hace rara, porque solemos imaginar enormes equipos de ingenieros y empresas multimillonarias tras estos proyectos. Pero por debajo hay una especie de «fontanería digital» llena de piezas invisibles que casi nadie ve… hasta que algo falla.

Las aplicaciones modernas son una especie de muñecas rusas tecnológicas. Los programas utilizan estas librerías y funciones como parte de su día a día. Pero a veces esa librería utiliza otras diez, y esas diez usan otras veinte más. Así que es perfectamente normal que una aplicación moderna y compleja dependa de cientos o miles de componentes distintos. Y entre ellas puede haber una pequeña pieza de software escrita hace diez años por una sola persona en su tiempo libre (y que quizá viva en Nebraska, como en la viñeta).

¿Cómo puede una sola persona acabar sosteniendo media industria?

Muchas veces esos proyectos surgen como herramientas personales: alguien que necesita resolver un problema, publica el código y otras personas que luego empiezan a reutilizarlo. Si resulta ser bueno, las empresas lo incorporan a sus productos y, sin que nadie lo haya planificado, termina ejecutándose en miles o millones de dispositivos. ¿Qué podría salir mal?

En ocasiones la gente se cansa del proyecto y lo abandona por cualquiera entre mil razones (por ej. por discutir con otras personas implicadas en el tema). O, como personas que son, tienen problemas, a veces situaciones médicas complicadas o directamente se mueren. Por pensar en algo menos trágico pero más humano, están quienes se equivocan e introducen algún bug en un software del que mucha gente depende, haciendo que de repente se vaya todo a la porra.

Uno de los casos más famosos fue OpenSSL. Es una librería relacionada con las conexiones seguras en Internet: páginas web, correos y comunicaciones cifradas (lo que está detrás del «candadito» en el navegador). En 2014 surgió un fallo llamado Heartbleed y el susto fue enorme, apocalíptico hasta que se corrigió… Pero lo que más llamó la atención fue descubrir que OpenSSL, que era parte de la infraestructura crítica para media Internet, estaba mantenida por un equipo sorprendentemente pequeño.

Otro ejemplo se convirtió prácticamente en un meme tecnológico: left-pad. Su función era algo tan tonto como «añadir espacios delante de un texto». Nada más. Un día su autor eliminó el paquete y miles de proyectos dejaron de funcionar correctamente. Empresas de todos los tamaños acabaron descubriendo que dependían indirectamente de unas pocas líneas de código escritas por una sola persona… y encima para hacer algo relativamente sencillo.

También está el caso de curl, menos conocido para el público general pero omnipresente. Se usa para transferir datos entre sistemas y está integrado en Linux, Windows, routers, televisores, coches y una cantidad enorme de dispositivos y aplicaciones. Es una de esas herramientas silenciosas que nadie ve, pero que están prácticamente en todas partes. Aunque está bien mantenido por un grupo pequeño el problema es la gran dependencia de esa única pieza para toda la industria del software. Un fallo en 2023 desveló que todas las versiones desde 2020 tenían un fallo (!!) Luego se corrigió, pero se volvió a demostrar esa gran dependencia invisible para muchos usuarios que no creían depender de algo así.

Entonces… ¿el problema es ese software?

Curiosamente, no suele serlo. El software muchas veces funciona perfectamente durante años y años. El problema es más humano: los proyectos pueden quedarse sin financiación, sin que haya tiempo para ellos o sin personas que los mantengan. Ahí aparece una paradoja cuando menos, curiosa: empresas valoradas en miles de millones que, a veces sin saberlo, dependen de proyectos que quizá mantiene una única persona en sus ratos libres después de cenar. Algunas son consciente de ellos y donan dinero para garantizar la continuidad de esos proyectos casi anónimos, o apoyan a fundaciones que se encargan de ello. Pero, la mayor parte, diría que no tienen ni idea de quién dependen. Cualquier día acaban visitando una cabaña en Nebraska buscando a un tipo…

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