Por @Alvy — 29 de Junio de 2026

Cruce de cables: El factor autobús: cuando media civilización depende de cuatro personas y una libreta vieja / Imagen: GPT 5.5En el último programa de Cruce de cables (RNE) le conté a David Sierra lo que es el factor autobús, un término informático y un poco geek que mide cuántas personas clave podrían desaparecer de un proyecto antes de que todo empezara a desmoronarse. El programa puede escucharse aquí:

No hace falta que sea literalmente un autobús y un atropello: puede ser una jubilación, gente que se va de la empresa, bajas de larga duración o alguien se ha cansado de ser quien sabe cómo funciona todo un tinglado. La expresión la acuñó Michael McLay en 1994 cuando planteó en una lista de correo dedicada al lenguaje Python qué pasaría si Guido van Rossum, el creador de Python, fuera atropellado por un autobús. La pregunta de fondo era seria: ¿podría sobrevivir el proyecto si casi todo el conocimiento importante depende de una sola persona?

Cuanto más bajo es el «factor autobús» de un proyecto o empresa, peor para todos. Es como si solo hay un panadero en el pueblo, se muere y nadie más sabe cómo se hace el pan. Todo el mundo pierde.

Un estudio de 2016 analizó 133 proyectos populares alojados en los repositorios de internet y descubrió que el 65% tenía un factor de 2 o menos: en muchos casos bastaría con que desaparecieran una o dos personas clave para dejar partes importantes del proyecto en una situación comprometida.

¿Qué mide realmente el factor autobús?

Este «factor autobús» mide en realidad la fragilidad humana de un sistema técnico. Una empresa puede tener 200 programadores, pero si solo una persona sabe cómo recompilar el sistema de pagos, arrancar un mainframe antiguo o explicar por qué no hay que tocar una rutina escrita en 1987, esa parte del sistema tiene un factor autobús bajísimo.

El problema no siempre es el código, que muchas veces funciona perfectamente. El riesgo está alrededor: muchas veces hay documentación incompleta, configuraciones raras, scripts que nadie entiende, contraseñas heredadas, carpetas con títulos peliagudos como «NO BORRAR»… En definitiva, un conocimiento transmitido «de generación a generación» durante años, pero poco formalmente, por decir algo.

¿Por qué afecta especialmente a bancos, administraciones, aviones o incluso a la NASA?

El hecho cierto es que muchos sistemas importantes siguen dependiendo de tecnología antigua que funciona demasiado bien como para tirarla y está demasiado integrada en el funcionamiento del día a día como para cambiarla alegremente.

En banca, COBOL sigue siendo el ejemplo clásico. Hace una década se estimaba que había miles de millones de dólares de actividad comercial a través de software escrito en COBOL: cuentas, tarjetas, cajeros automáticos, hipotecas, compensación de cheques y préstamos. El problema no es que COBOL sea malo, sino que muchas personas que lo dominan ya se han jubilado o están cerca.

En las administraciones públicas ocurre algo parecido. Muchos sistemas críticos tienen décadas de antiguedad y cuestan millones al año solo en mantenimiento y operaciones. Costaría demasiado actualizarlos y cambiarlos por algo más moderno.

Las reservas aéreas también dependen de mainframes muy especializados. Y en ciencia e ingeniería, Fortran sigue vivo en simulaciones, modelos y software que ha funciona bien durante décadas.

La NASA, por ejemplo, ha modernizado a veces código Fortran 77 porque muchas veces es mejor que reescribirlo desde cero. También han llamado a veces a ingenieros jubilados para explicarle a los jovenzuelos cómo se desarrolló cierto software o cierto componente hardware de alguna sonda espacial antiquísima.

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Por @Alvy — 29 de Junio de 2026

Príncipe Chazz: un ajedrez de acción y estrategia diferente y divertido

Prince Chazz es una especie de juego de lógica con mucha estrategia y un poco de acción, al menos porque resulta emocionante. El asunto es moverse con la dama por el tablero capturando las piezas enemigas, que van multiplicándose tras cada captura. El ordenador es astuto al moverlas y, aunque se le coge el tranquillo rápido, fácil no es.

El tablero es de 8×8 aunque hay versiones en 10×10 y 12×12. Además de eso hay rocas que impiden que la dama se mueva tan libremente como sería deseable. El dilema es continuo: si se deja la dama cerca de los caballos, torres o alfiles del oponente («el ordenador») puede caer en una sutil trampa y ser capturada. Y si está lejos, las otras piezas simplemente irán saltando y acercándose con más peligro todavía.

Yo no he pasado de 11 o 12 capturas, pero según la tabla de récords hay gente que ha llegado a 23. Un pequeño truco es intentar moverse a casillas no atacadas que además provoquen «jaques dobles»; de ese modo la dama pueda capturar algo después de que el oponente mueva. Este es un juego de esos de «un reto diario» así que la configuración del tablero y piezas que aparecen son las mismas para todo el mundo, y se puede reintentar tantas veces como quieras.

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Por @Alvy — 28 de Junio de 2026

Una guía para elegir el mejor DNS público, práctica y divulgativa

Patrik Wallström ha creado esta Guía de DNS que resulta tanto instructiva como práctica a la vez. Así que lo primero que hay que hacer es guardarla en la carpeta de «herramientas». Básicamente permite comparar 29 DNS públicos con criterios como la privacidad, el bloqueo de malware, DNSSEC, IPv6, DoH, DoT, DoQ, DNSCrypt y filtrado, según 15 jurisdicciones.

Sin entrar en muchas explicaciones técnicas, digamos que el DNS es esa parte de la que configuración de red que tu ordenador o dispositivo usa para convertir los nombres de los dominios (como xyz.com) en direcciones IP. Esta conversión está sincronizada en toda internet, y normalmente tu proveedor de acceso tiene uno.

Lo que sucede es que hay proveedores de DNS que pueden «prohibir» acceder a ciertas direcciones (ej. redes sociales, servidores «piratas» y cosas así) y otros que ofrecen bloquear direcciones conocidas donde hay malware o publicidad, además de otros temas más técnicos. También hay algunos que ofrecen más privacidad que otros, porque no guardan las direcciones de las consultas, algo que es obligatorio en ciertos países pero no en otros «lugares sin ley» (¡hola Suiza!)

Lo práctico es que en esta guía basta marcar lo que te interesa (por ejemplo «sin registros», «bloqueo de malware», «operador no comercial», «sin filtrado») y la página muestra los más convenientes. Hay muchos de los más conocidos como Quad9, Cloudflare, Google, AdGuard, Wikimedia o UncensoredDNS, cada uno con sus direcciones IPv4/IPv6 y sus puntos fuertes.

Los más destacados:

  • Quad9: suizo, no guarda las IPs y bloquea malware.
  • DNS4EU: financiado por la UE, bajo GDPR y con filtros.
  • Cloudflare 1.1.1.1: muy rápido, con variantes para malware.
  • Google 8.8.8.8: con DNSSEC y ECS activado.
  • NextDNS: muy configurable, con listas de bloqueo.
  • Mullvad DNS: enfocado a la privacidad, con DoH, DoT y DoQ.

A tener en cuenta: DNSSEC protege contra respuestas falsificadas, ECS puede mejorar la velocidad a costa de revelar parte de la IP, y DoQ parece ser el transporte cifrado más rápido cuando cliente y servidor lo soportan.

Otra función interesante de esta guía es una prueba de latencia («velocidad») desde el navegador. A mi me suele salir siempre CloudFlare como el mejor y más rápido en responder, pero también es cierto que a veces peta que da gusto. CleanBrowsing y Control D son buenas alternativas, e incluso Google. Pero conviene compararlo con tu proveedor de acceso, que seguramente llevará filtros para ciertas IPs «por motivos judiciales» o de censura, pero si te da igual puede que sea más rápido.

Una nota importante es que los DNS cifrados no equivalen automáticamente a tener una privacidad total. Digamos que evitan miradas indiscretas y manipulaciones por el camino (sobre todo de los proveedores de acceso). Pero el DNS que se elija y quien esté detrás siempre verá las peticiones que haga el navegador. En resumen: no hay un DNS «mejor» para todo el mundo, pero esta guía viene bien para elegir según lo que se necesite.

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Por @Alvy — 28 de Junio de 2026

Starglyphs: un juego de lógica con un toque de topologíaStarglyphs es como un juego de los puentes de Königsberg pero con constelaciones imaginarias de estrellas. Básicamente hay que recrear la imagen que se muestra dibujando de un solo trazo las mismas líneas.

Al principio puede parecer un poco complicado, pero no es difícil pillarle el truco. Es más un problema topológico que un rompecabezas imposible, en la línea de Planarity, un gran clásico. La clave está en saber por donde empezar y terminar. Así que si se dedica un momento a analizar la imagen, el resto es relativamente fácil.

El juego ofrece diversas opciones para cambiar de nivel (hasta 15 estrellas), recular si te equivocas, activar música relajante o efectos de sonido… Un poco lo habitual. Funciona bien en móviles, que es un poco su «entorno natural».

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