Por @Wicho — 6 de Julio de 2026

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Stargazer despegando para el lanzamiento; se ve el cohete colgado de su panza – Northrop Grumman

Tras varios retrasos causados por meteorología adversa y algún que otro problema técnico la NASA utiliza ha podido por fin lanzar la misión de rescate del observatorio espacial Swift.

Para ello un cohete Pegasus XL lanzado desde su avión nodriza Stargazer, un Lockheed L-1011 TriStar convenientemente modificado para la tarea allá por 1994, puso en órbita el satélite LINK, cuyo nombre en este caso no es una sigla sino que significa enlace, de la empresa Katalyst, que será el que lleve a cabo la misión.

Desde el control de la misión están en contacto con él para comprobar el correcto funcionamiento de todos sus sistemas antes de intentar la misión de rescate propiamente dicha. Para llevarla a cabo LINK se agarrará a la parte trasera del observatorio con tres brazos robot y, utilizando sus tres propulsores de xenón de efecto Hall, subirá su órbita hasta los 600 kilómetros originales. Necesitará para ello entre cuatro y seis semanas una vez acoplados.

Swift –ahora Observatorio Neil Gehrels Swift en honor al que fuera su investigador principal hasta su muerte en 2017– fue lanzado en 2004 para una misión de dos años, así que no está nada mal que casi un cuarto se siglo después siga funcionando y que la NASA haya decidido intentar prolongar su misión.

De hecho, en el ambiente de recortes generalizados a la ciencia de la segunda administración Trump es poco menos que un milagro que no haya sido cancelada. Aunque también es cierto que está valorada en «sólo» 30 millones de dólares, lo que es el chocolate del loro comparado con el presupuesto de la agencia.

En principio Swift estaba dedicado a la medición de brotes de rayos gamma, aunque con el tiempo pasó a ser utilizado para hacer observaciones en múltiples longitudes de onda, especialmente para el seguimiento rápido y la caracterización de fenómenos astrofísicos transitorios de todo tipo.

Así, cuando otro observatorio, ya sea espacial o terrestre, detecta un fenómeno nuevo, puede pedir a Swift que lo observe para complementar los resultados.

El problema es que Swift no tiene motores de maniobra para mantener su órbita, que ha ido decayendo con los años, en especial en los dos últimos debido a la actividad del Sol, que ha sido bastante fuerte. Eso hace que la atmósfera «se hinche», aumentando el rozamiento con el observatorio, lo que a su vez hace que pierda velocidad y por ende vaya bajando la altitud de la órbita.

Ahora mismo está en unos 360 kilómetros, y se estima que entre octubre de este año y enero de 2027 bajará de los 300, lo que haría ya totalmente irrecuperable el Swift.

Por ello en 2024 la NASA, viendo que el observatorio seguía funcionando perfectamente, solicitó propuestas para salvarlo. Y en septiembre de 2025 escogió a Katalyst. Sí, hace unos nueve meses. Con lo que debe ser un récord la velocidad a la que ha sido lanzada la misión.

A ver si todo va bien y le da otros cuantos años de vida –se estima que hasta diez– al observatorio. En el blog del observatorio -¡yay!– se pueden seguir las novedades de la misión.

La descripción
LINK a punto de ser encapsulado en la cofia protectora del cohete Pegasus XL que lo lanzó – NASA/Ron Beard

La decisión de lanzar LINK en Pegasus XL vino de que Swift está en una órbita con una inclinación de 20,60°. Para alcanzarla desde alguno de los sitios tradicionales habría sido necesario utilizar un cohete demasiado grande y caro para los 425 kilos del satélite que habría tenido que «desperdiciar« muchas toneladas de propelentes en el cambio de inclinación orbital.

Sin embargo una de las ventajas de los cohetes lanzados desde el aire es que el avión nodriza puede llevárselos a casi cualquier sitio para adaptarse mejor a la inclinación de la órbita buscada. Y por eso el Stargazer despegó desde las islas Kwajalein, apenas a 8 grados por encima del ecuador.

Eso sí, el Pegasus XL utilizado por Northrop Grumman para el lanzamiento era el último de su inventario. Y aunque la empresa no ha anunciado la retirada del servicio del cohete sería raro que produjeran alguno más.


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Por @Wicho — 6 de Julio de 2026

Imágenes de dos móviles mostrando el visor en acción; en una el Sol y la Luna aún no están centrados, mientras que en la otras sí
Sólo hay que seguir las flechas para ver la posición que ocuparán el Sol y la Luna en el momento del eclipse máximo

Si el pasado 30 de abril no pudiste o se te pasó comprobar si el lugar que has escogido para ver el eclipse del próximo 12 de agosto no te preocupes: el Gobierno de España acaba de lanzar lo que creo que es la herramienta definitiva para ello, un visor web para localizar y saber si has escogido bien el lugar. Da igual qué día y a qué hora lo uses.

Funciona en Android e iOS y lo único que tienes que hacer es darle acceso a la cámara, la ubicación, la brújula, calibrar los sensores, y luego seguir las flechas que te indican la posición del Sol en el momento del eclipse máximo en la ubicación que tu móvil le pase a la web. Pero vamos, que está todo indicado en la pantalla, así que no deberías tener ningún problema.

Al ver la simulación a través de la cámara puedes descartar que orografia, vegetación, edificios o cualquier otro posible obstáculo vayan a entorpecer o impedir la vista del eclipse. Lo de las nubes ya tal.

Eso sí, yo recomendaría hacer la comprobación cuando el Sol no esté en el campo de vista de la cámara para evitarte problemas con el sensor. Y con tus ojos.

Una observación: el icono que indica la posición del Sol y la Luna no refleja las posiciones reales en la ubicación en la que estás; es sólo una indicación.

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Por @Alvy — 6 de Julio de 2026

John Tse es un maker que en su canal de YouTube I Build Stuff hace cosas de científico loco. En este vídeo cuenta cómo decidió mejorar su viejo paraguas volador de 2024 haciéndolo más fiable, plegable, autónomo y, por lo visto, ideal para aumentar las probabilidades de que si se usa en un día de tormenta eléctrica te caiga un rayo con total precisión justo encima de la cabeza.

Para no probarlo todo directamente con un paraguas gigante, primero montó un cuadricóptero de pruebas con su placa controladora de vuelo, GPS, receptor y cámara usando una Raspberry Pi. Con esto el dron ya podía localizar su cabeza en tiempo real. Pero lo que parecía una configuración «fácil» acabó llevándole 16 días: diagramas confusos, procrastinación, soldaduras a medianoche y errores raros como para que el proyecto pareciera patrocinado por los laboratorios de «Doc» Emmet Brown.

Un paraguas con cuatro brazos… y mucha paciencia

La parte física consistía en añadir 4 hélices al paraguas mediante una estructura plegable construida con bisagras, gomas, cableado y piezas impresas en 3D. Y, eso sí, con nylon reforzado con fibra de carbono. El resultado es un dron que se pliega más o menos como un trípode, lo cual no elimina el detalle no menor de que aquello hace el ruido de un enjambre de abejas cabreadas.

Entre fallos, componentes y piezas que no terminaban de funcionar y varias fases de «ya si eso lo acabaré la semana que viene» tardó 358 días en completarlo desde que arrancó el proyecto (a añadir a una idea que venía de 3 años atrás). Pero el paraguas consiguió seguir a su dueño, volar de forma autónoma y hasta funcionar con lluvia fuerte.

El invento no es perfecto, ni silencioso, ni probablemente recomendable cerca de aeropuertos, cables, tormentas eléctricas, niños, perros, peatones, árboles, fuentes, abuelas o seres vivos en general. Pero como demostración de ingeniería absurda y perseverancia ha demostrado ser todo un milagro meteorológico.

(Vía Designboom.)

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Por @Alvy — 6 de Julio de 2026

Cruce de cables: los móviles Android como alerta temprana de terremotos. Como llevar un sismómetro en el bolsillo / Imagen: GPT 5.5A raíz de los recientes acontecimientos acerca de los terremotos de Venezuela, en el último programa de Cruce de cables (RNE) estuve charlando con David Sierra sobre el sistema de alerta temprana de terremotos en los móviles Android. Es un sistema que no es nuevo (data de 2020) y que muestra que a veces el ingenio supera a los medios oficiales en cuanto a practicidad.

Los terremotos, como el reciente de Venezuela, son terribles sobre todo por lo impredecibles: nunca se sabe cuándo puede llegar el desastre y que se abra la tierra. Pero existe una función de Android desarrollada por Google, llamada Android Earthquake Alerts, que convierte los móviles en pequeños detectores de vibraciones capaces de alertar de la llegada de un terremoto. Aunque suena un poco a ciencia ficción doméstica, este invento es algo que funciona con un componente bastante mundano: el acelerómetro del móvil, ese pequeño componente que se usa para detectar su orientación física y sirve, por ejemplo, para cambiar de orientación vertical a horizontal y viceversa.

¿Cómo funciona este «sismómetro de bolsillo»?

De hacer los cálculos entre bambalinas se encargan los servidores de Google y millones de teléfonos móviles de la gente, que forman una especie de «red distribuida». La teoría es que si muchos teléfonos de una misma zona notan vibraciones parecidas a lo que son las primeras ondas de un terremoto (llamadas ondas P o primarias), mandan una señal con su ubicación; Google cruza esos datos y, si el patrón encaja, envía una alerta a quienes están en la zona en que se va a notar la sacudida. No es una predicción (porque eso sigue siendo un «unicornio geológico»): es una detección muy rápida con posibilidad de aviso anticipado.

En algunos lugares de Estados Unidos el sistema se combina con ShakeAlert, una red de 1.675 sensores sísmicos más profesional y fiable. Fuera de esas zonas, como en Venezuela y el resto de países, se usa «a lo MacGyver» esa otra especie de «inteligencia colectiva». Hay más de 2.000 millones de teléfonos Android repartidos por el mundo actuando como mini-sismómetros de bolsillo.

Seguir leyendo: «Cruce de cables: los móviles Android como alerta temprana de terremotos. Como llevar un sismómetro en el bolsillo»


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