Por @Alvy — 4 de Octubre de 2026

Rutas mundiales que descubren sitios interesantes en la carretera para que los viajes no sean tan aburridos

He aquí una solución de más de una persona habrá pensado que «debería existir» para un un problema universal: que los viajes por carretera son a veces aburridos y estaría bien saber qué lugares interesantes hay por el camino. Si Google Maps te marcara algo interesante que ver por el camino podrías aprovechar para hacer las paradas en los mejores sitios, quizá las obligatorias cada dos horas o simplemente las que te apetezcan.

Pues existe: el en cuestión se llama Make My Drive Fun e incluye museos peculiares, sitios históricos, lugares con arquitectura llamativa, joyas de la naturaleza y otras rarezas que pueden merecer la pena visitar en una parada más o menos rápida. Tras elegir origen y destino se muestran en el mapa junto a la ruta habitual, y se puede ver cuántos kilómetros hay que apartarse para llegar a los diferentes sitios.

Aunque el mapa arranca en los Estados Unidos (as usual) en realidad parece que tiene una amplia base de datos de todo el mundo. La he probado en España y las ideas y lugares no están nada mal: viajando de un lugar a otro me ha sugerido visitar refugios antiaéreos, castillos, molinos y todo tipo de museos e iglesias, claro. También hay cascadas, jardines y otros lugares pintorescos, como uno con menhires. Incluso hay un botón que lo resume todo si el viaje es largo en «los 10 mejores sitios».

La aplicación también permite añadir destinos intermedios, cambiar el orden y crear una ruta de hasta ocho paradas. El plan completo se puede guardar para que quien viaje de copiloto eche una mano (es su papel natural) y ponga de acuerdo a todos los que viajen para evitar discusiones continuas. Lo único a considerar: comprobar los horarios antes de desviarse mucho, porque hasta la aventura más gloriosa puede acabar mal si llegas y está todo chapado.

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Por @Alvy — 4 de Octubre de 2026

Coca-Cola y Pepsi en al espacio, allá por 1985En 1985 se enviaron al espacio latas de Coca-Cola y Pepsi en una de las misiones del transbordador espacial Challenger. La idea era probar cómo se comportaban los envases de las bebidas carbonatadas en ingravidez, y de paso probar dispensadores y, la prueba definitiva, si los astronautas podían beberlas sin problemas. En realidad iba a ir solo Coca-Cola, pero Pepsi se sumó al experimento al descubrir que su rival ya tenía un billete al espacio. Según cuentan Ronald Reagan, por entonces presidente de los Estados Unidos, insistió también en que Coca-Cola no podía ser la única en ser primera en el Espacio.

El experimento recibió el nombre cariñoso y rimbombante (para variar) de Carbonated Beverage Dispenser Evaluation. Fue un fracaso: las bebidas no estaban frías, no había forma de beberlas bien en microgravedad por el burbujeo excesivo, y hasta el sabor se notaba algo distinto.

Coca-Cola volvió a intentarlo una década después con un dispensador refrigerado. Fue otro fracaso: el dispensador falló y quedó patente que beber con burbujas en ingravidez no era nada trivial. ¿Qué preferían los astronautas como alternativa? El Tang, aquellos legendarios polvos de «zumo de naranja» que en realidad eran 96% azúcar con saborizantes. Durante años mucha gente creyó que el Tang se había inventado para los astronautas (habían volado en 1962 en la misión Mercury de John Glenn), pero en realidad se comercializaban desde 1959. [Vía Space.com + Wikipedia.]


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Por @Alvy — 3 de Octubre de 2026

Un paquete de Internet que viajó en una paloma acaba subastado en Christie’s

El nivel de geekismo de internet no deja de sorprender a veces. Prueba de ello es que Christie’s ha puesto a subasta uno de los paquetes de internet transmitidos a través de paloma, sí, usando el legendario Carrier Pigeon Internet Protocol o IP sobre palomas mensajeras. El objeto en sí es bastante más tangible que el habitual paquete de datos: una tira de papel de 41 × 210 mm que certifican que una paloma mensajera llevó atada a la pata en aquella prueba en el año 2001.

El paquete IP/ICMP era el equivalente a un «ping» enviado por una red informática, solo que lo llevó la paloma volando atado a una pata. Tiene todavía los dobleces de cuando estuvo sujeta al ave, está enmarcada y lleva una inscripción que acredita que perteneció a David Waitzman. ¡Santa Madonna! Esto sí que es un correo con buen seguimiento.

Este curioso protocolo avícola apareció en 1990, cuando Waitzman lo publicó como RFC 1149, «Un estándar para transmitir datagramas IP mediante portadores aviares». Lo escribió con el tono serio de una especificación técnica, aunque era una broma del Día de los Inocentes anglosajón.

En abril de 2001, el Grupo de Usuarios Linux de Bergen, en Noruega, decidió probarlo empíricamente: imprimió paquetes de datos en hexadecimal, los sujetó a palomas mensajeras y los envió entre dos palomares separados por unos cinco kilómetros. De los nueve paquetes enviados, cuatro regresaron con respuesta. La pérdida da datos fue del 55% y el ping tardó entre 50 y 100 minutos. La conexión tenía una latencia algo peor que la de una tarde de domingo con el fútbol bloqueado por LaLiga.

Posteriormente se publicó otra nota (la RFC 2549) que añadió «calidad de servicio» al sistema, aunque no parece que incluyera negociar con los halcones. Uno de los riesgos es que derriben y se zampen a las palomas, con el consiguiente desastre para los paquetes. Las tormentas también pueden causar pérdida de datos.

El papelito de Christie’s está certificado como uno de aquellos paquetes viajeros, que le entregaron a Waitzman al año siguiente como recuerdo. Es un coleccionable pero a la vez la prueba física de que Internet puede saltar de Matrix al mundo real y viajar incluso en las alas de una paloma. Tras un cuarto de siglo, terminar en una subasta y que vaya a conseguir más de 2.600 dólares, la puja actual, no lo vio venir el bromista de Waitzman.

Las palomas mensajeras siguen siguen teniendo más capacidad que una conexión de Internet, según una prueba empírica

(Esta foto está solo colateralmente relacionada, pero la pongo aquí porque me deshuevo cada vez que la veo.)

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Por @Wicho — 3 de Octubre de 2026

El avión volando frente a un cielo azul con unas pequeñas nubes en la parte inferior del encuadre
Uno de los prototipos del MAX 10 en vuelo – Boeing

La Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos, tras revisar el fallo en el software de a bordo de los Boeing 737 MAX que salió a la luz recientemente, ha decidido que no es un riesgo de seguridad. Así que retoma el proceso de certificación del MAX 10, al que le quedan semanas si no días, y que había paralizado preventivamente, y y dice que no hay ningún problema con que empiecen las entregas del MAX 7, certificado hace unas semanas.

El fallo hace que en ciertas circunstancias muy específicas –tras una aproximación frustrada y después de modificar la trayectoria a seguir previamente programada– el piloto automático pueda perder una de sus funciones, en concreto la que le permite ir llevando el avión a las alturas programadas previamente.

Pero para la FAA:

Tras un análisis exhaustivo, un grupo de expertos en seguridad de la FAA determinó el viernes que un problema de software en determinados ordenadores de vuelo del Boeing 737 Max no supone un riesgo para la seguridad. La Junta de Revisión de Medidas Correctivas de la FAA llegó a esa conclusión porque los pilotos mantienen el control total de la aeronave y las indicaciones que recibe la tripulación de vuelo son claras e inequívocas.

El fallo está en las versiones U14 y U14.1 del software de a bordo, que son obligatorias en los MAX 7 y MAX 10, aunque tanto los MAX 8 como los MAX 9 o los NG, la generación anterior, pueden volar con la versión U13 o la U12, en la que no hay ese fallo.

En cualquier caso Boeing ha dicho que está trabajando junto con GE Aerospace, que es la empresa que ha desarrollado el software, en una versión nueva que corrija el fallo.

El 737 MAX 7 y el MAX 10 son, respectivamente, las versiones más corta y más larga de la familia del 737 MAX. Entre ambas variantes reúnen aproximadamente el 37 % de la cartera de pedidos del MAX, con 254 y 1.535 pedidos respectivamente.

Así que a la empresa le vendría muy bien poder empezar a entregarlos y cobrarlos. Y a las aerolíneas que han organizado sus rutas y sus planes de renovación de flota contando con ellos recibirlos. Que entre pitos y flautas llevan algo más de diez años esperando por ellos.

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