Por @Wicho — 3 de Julio de 2026

Vista frontal derecha del avión tomada desde el suelo
El VC-25 Bridge todo brillantito - Fuerza Aérea de los Estados Unidos

Un vuelo entre la base Andrews y Dakota del Norte para participar en la inauguración de la Biblioteca Presidencial Theodore Roosevelt fue la primera ocasión en la que el presidente Trump voló a bordo del Boeing 747-800 que le regaló Qatar. Durante ese vuelo, y durante el vuelo de vuelta, el avión usó el indicativo Air Force One, que es el que le corresponde a cualquier avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en el que vaya el presidente en ese momento.

Aunque en este caso es todo bastante turbio, ya que el regalo de Qatar en realidad es para Trump y el avión pasará a ser parte de su propia biblioteca presidencial cuando deje el cargo. Así que el avión es de la Fuerza Aérea «de aquella manera».

Es un avión valorado en su momento en 400 millones de dólares, aunque tras las modificaciones a las que ha sido sometido para poder volar como avión presidencial nadie tiene muy claro por cuánto anda la cuenta ya. Hay estimaciones que sitúan el coste de prepararlo entre los 400 y los 1.000 millones de dólares.

En Inside The Making Of The New Air Force One se puede leer una entrevista con Jason Lambert, el director de la división de L3Harris que se encargó de hacer las modificaciones, en la que cuenta un poco de todo el proceso. Un poco porque a muchas preguntas la respuesta es que hay que preguntarle a la Fuerza Aérea.

El 747 ex-catarí ha recibido la denominación VC-25 Bridge, de puente, mientras entran en servicio los dos VC-25B que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos encargó en su momento a Boeing. Que, para variar, van pasados de precio y de presupuesto.

Pero mientras tanto, uno de los VC-25A que tienen que sustituir volaba detrás del VC-25 Bridge por si acaso.

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Por @Alvy — 3 de Julio de 2026

La propiedad digital era esto: pagar por algo que no es del todo tuyo, y cada vez hay menos opciones / Imagen: ChatGPT

La situación con el tema de los contenidos digitales en formatos físicos vs. versiones temporales a modo de «licencias» es cada vez más oscura. Antiguamente, comprabas un libro, un juego en CD en una caja o una película y pasaba a ser de tu propiedad: podrías usarlo en tu casa, cuando quisieras y sin depender de nadie. Podías revenderlo, regalarlo o dejárselo a tus herederos. Pero hoy en día todo tiende a ser una «propiedad digital» que no adquieres, sino que licencias y que puede desaparecer como si alguien te robara de tu estantería el libro, el CD del juego o la película.

En The Case for Physical Media Ownership Cem Dervis va recopilando situaciones, enlaces, hitos y casos reales respecto a esta forma distópica de propiedad que está reemplazando a los «medios físicos» de toda la vida, para que quede constancia de fechas, casos y hechos. Los más recientes: Sony ha anunciado que dejará de producir discos físicos para nuevos juegos de PlayStation a partir de enero de 2028 y Rockstar ha anunciado que el próximo GTA 6 no saldrá en formato físico tampoco (si acaso, «caja con papelito con el código»). Últimos clavos en el ataúd de los juegos físicos, algo que ha cabreado hasta a las tiendas de videojuegos.

Además, cada vez hay menos opciones: libros que solo se publican online, juegos que solo están disponibles en plataformas como Steam o PlayStation (y no como «juego físico») y música en streaming, nada de CDs. Los precios, además, ni siquiera reflejan la diferencia: pagarás lo mismo (o más) por la copia digital que por una caja con su disco, librito y goodies para decorar tu estantería.

Cosas que suceden en un mundo distópico

#1 - Las copias digitales suelen significar «acceso licenciado». Como tal, esas licencias pueden revocarse por muchas razones. Suelen estar vinculadas a una cuenta online, y no pueden revenderse, intercambiarse o «volver a la vida» si el fabricante o la tienda cierran y desaparecen. A este respecto, muchos juegos multijugador dejan de funcionar porque los fabricantes cierran los servidores o no los mantienen.

La iniciativa Stop Killing Games ha intentado acabar con estas prácticas trabajando con asociaciones de consumidores y llevando iniciativas al parlamento en Europa y Estados Unidos, con resultados desiguales según las épocas. Básicamente piden que si una empresa va a cerrar los servidores de un juego, los dejen en un estado funcional para que los usuarios puedan matenerlos si son capaces de autoorganizarse y pagar lo que cuesta el alojamiento y mantenimiento, algo que a veces se ha hecho (hay mucho fan y comunidad de ciertos juegos). BaityBait tiene vídeos con gran explicación del tema y también de su estado actual, que incluye un millón de firmas conseguidas a favor de la iniciativa.

#2 - Contenido que desaparece. No siempre es necesario que una empresa quiebre para que el contenido licenciado «vuele» para siempre y deje de estar disponible. Disney (ciertas películas), HBO, Sony (anuncia matanza de 500+ películas para septiembre 2006), Apple, Microsoft (y su tienda de ebooks), Netflix, Amazon… quien más quien menos ha eliminado películas, música, series (incluso producciones propias), juegos o libros «adquiridos» o contratados en su momento con alguna zafia explicación («cambios de licencias», «puedes descargártelos antes en local»…) A veces han devuelto el dinero, no sin muchas quejas y escarnio público.

#3 - Donde dije… Muchos consumidores consideran que el botón «Comprar» de Amazon significa «Comprar», no «Licenciar». Así que ha habido muchas demandas al respecto. También sucede que a veces se contrata un servicio con ciertas licencias y expectativas (Netflix, Creative Cloud de Adobe…) para ver poco después como desaparecen títulos o aumentan los precios de forma desorbitada. Eso no era lo que se dijo originalmente, dicen los consumidores. Si compras el acceso a Netflix porque tienen La casa de papel y la retiran a la semana siguiente… ¿Qué narices de acceso habías «comprado»?

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Por @Alvy — 3 de Julio de 2026

La «presión para puntuar» como componente en las encuestas de satisfacción de clientes

El otro día vino un técnico a casa para realizar una tarea x y me dijo que recordara que era importante rellenar la encuesta de satisfacción me enviarían por correo a lo largo del día, sin más. Al abrirla, tras poner nota a los valores típicos (puntualidad, atención, resolución de la tarea, etc.) mi sorpresa fue encontrarme con esta otra meta-pregunta: ¿Te has sentido presionado para que le pusieras una buena puntuación?

Históricamente no existían estas herramientas, pero las empresas comenzaron a usarlas hace años para obtener una valoración rápida de la labor de los técnicos y especialistas que visitan a domicilio. Lo denominan Net Promoter Score (NPS), Encuestas de satisfacción del cliente (CSAT) o algún otro nombre marketroide más exótico todavía.

A veces parecen más encuestas sobre la validez del trabajo del técnico que sobre la verdadera satisfacción del cliente. De hecho algunos se detenía al principio a explicarme detenidamente cómo funcionan: si no reciben un 9 o un 10 en la escala de 0 a 10, la puntuación se considera un fracaso. Sólo es satisfactorio para la empresa que consigan un 9 o 10. En algunas compañías es más extremo todavía: un 10 vale 100%; un 9 apenas aprueba y un 8 o menos equivale prácticamente a un suspenso.

Algunos técnicos han llegado a explicarme que si no recibían la puntuación máxima su puesto de trabajo estaría en peligro, y que si algo ha resultado chungo, que mejor ni se rellene la encuesta. Con esto trasladan al cliente final una especie de responsabilidad cual guillotina justiciera con la que parece que se pudiera acabar con operarios o permitirles vivir y seguir trabajando para su corporación.

He leído por ahí que la metapregunta sobre la presión que se ha sentido para poner buena puntuación intenta evitar el llamado survey coaching. Eso es precisamente eso que hacen algunos técnicos, a los que normalmente se ve muy apurados e incluso avergonzados por el asunto. Todo el asunto canta bastante.

Sabiendo todo esto si alguien viene a casa a la hora acordada, a nada que no sea un borde, haga su trabajo y listo, yo tiendo a poner todo dieces (me expliquen lo de la encuesta o no). Pero ahora se me presenta el dilema de si delatarles cual niño rata si me hacen el survey coaching. Creo que tratar así a los clientes e incluso a los propios empleados es bastante ruin se mire como se mire, así que creo que contestaré «no» a la pregunta en cuestión o, sencillamente, dejaré de contestar encuestas.

Bonus: Ya me estoy imaginando encuestas dentro de poco…

Westworld / Nature of your Reality


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Por @Wicho — 3 de Julio de 2026

La descripción
Willem-Alexander Claus George Ferdinand van Oranje-Nassau a la derecha en sus tiempos de copiloto de Fokker 70 – KLM

Hace unos días un amigo mío, antimonárquico hasta la médula, me estaba hablando de una reciente visita a Ámsterdam durante la que pilló/sufrió el Koningsdag, el Día del Rey, que es cuando se celebra el cumpleaños del rey y el país enloquece¹. Estaba indignado. Pero para chincharlo un poco más le pregunté con qué aerolínea había volado con la esperanza de que lo hubiera hecho con KLM. Y cuando me dijo que en efecto había sido así aproveché para rematar diciéndole que lo mismo uno de los pilotos de sus vuelos había sido el mismísimo rey.

Y me di cuenta de que lo mismo esto no es muy conocido. Pero es que Guillermo Alejandro de los Países Bajos, AKA el rey de los Países Bajos, lleva volando como copiloto para KLM desde mediados de la década de los 90. No es que vuele mucho, pero sí al menos un par de veces al mes para mantener su licencia.

Esto es algo que mantuvo más o menos en secreto hasta 2017, cuando por fin lo contó en una entrevista. Aunque es posible que en alguna ocasión alguien hubiera reconocido su voz al comunicarse con el pasaje. Y dice que muy raramente lo reconocen con el uniforme y la gorra de KLM puestos.

Comenzó en la flota de Fokker 70, cuando fueron retirados pasó a la del Boeing 737, y ahora que KLM los está sustituyendo por Airbus A321neo está haciendo el curso de conversión.

El avión visto de frente mientras gira hacia su izquierda
El primer A321neo de KLM rodando por el Aeropuerto Adolfo Suárez Piedra Papel Tijera Lagarto Spock Pim Pam Toma Lacasitos Madrid-Barajas – Wicho

Y eso aún a pesar de que ya pasa de los 58 años, que es la edad de jubilación para los pilotos de la aerolínea neerlandesa. Alguna ventaja tenía que tener ser el rey.

Así que si alguna vez vuelas con KLM y te dan la bienvenida a bordo en nombre del capitán y de la tripulación pero sin decir su nombre, igual tienes a Guillermo Alejandro en el asiento derecho de la cabina.

¹ Esto es ahora el 27 de abril, día del nacimiento de Guillermo Alejandro allá por 1967. Cuando la que reina es una reina se denomina Koninginnedag, Día de la Reina, y hasta la abdicación de de su madre, la reina Beatriz, se celebraba el 30 de abril.

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