Por @Alvy — 19 de Mayo de 2026

Un Airbus A220-300 de Croatia Airlines se salió de la pista en el aeropuerto de Split durante un despegue abortado a alta velocidad. Viajaban en él 130 pasajeros y 5 tripulantes, pero por suerte todos acabaron sanos y salvos, que es lo importante. Se ve que el avión decidió hacer una «visita no programada» al césped, pero todavía no se conocen muy bien las causas.

Esto sucedió en el vuelo OU412 con destino a Frankfurt. El avión aceleraba por la pista cuando la tripulación abortó el despegue súbitamente. Según han comentado circulaba a unos 131 nudos, equivalentes a unos 243 km/h. En el vídeo se aprecia un desvío hacia la izquierda durante la carrera de despegue; después el avión abandona la superficie pavimentada y acaba sobre la hierba. Se ve cómo se lleva por delante uno de los carteles amarillos de señalización y varias luces. El susto duró solo 20 segundos hasta que se detuvo; los pasajeros pudieron ser desembarcados y llegar a la terminal sin más incidentes.

La causa del incidente todavía no está clara. Croatia Airlines ha explicado que la tripulación abortó el despegue súbitamente «siguiendo los procedimientos de seguridad», y hay una investigación abierta. Las hipótesis van desde viento racheado a pérdida de control direccional o algún otro tipo de problema técnico: asimetría de empuje entre motores, un fallo de los neumáticos, un mal funcionamiento del tren de aterrizaje o incluso un mal cálculo del peso, o algún error en la introducción de los datos en el ordenador de vuelo.

Croatia Airlines A220-300 OU412 from Cabin / Neven BrnjasDe momento todo está en la categoría de «plausible pero no confirmado», que en aviación es una forma educada de decir: esperemos al informe y dejemos de jugar a CSI con un vídeo grabado con el móvil. La toma en vídeo desde el interior de la cabina de pasajeros, grabada por Neven Brnjas, también es bastante acongojante. Sin querer adivinar nada, el asunto huele más a un evento debido a varias causas, como es habitual, aunque no hay datos suficientes todavía para afirmarlo.

El susto fue considerable, pero la excursión fuera de pista fue relativamente breve y el resultado sin duda el mejor posible: 135 personas evacuadas, 0 heridos. Un hurra para la tripulación. El avión, eso sí, tendrá que pasar por chapa, pintura y tendremos que esperar a que nos expliquen qué sucedió exactamente.

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Por @Wicho — 19 de Mayo de 2026

El vega-C unos metros por encima del suelo
Primeros momentos del lanzamiento – ESA-CNES-AVIO/Optique Vidéo de CSG/P. Piron

Esta pasada madrugada un cohete Vega-C ponía en órbita la misión Smile de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia China de las Ciencias (CAS) para estudiar la magnetosfera terrestre. Es la primera vez que ambas instituciones han seleccionado, diseñado y van a operar una misión juntas.

Ha sido el primer lanzamiento de un Vega-C a cargo de Avio sin que Arianespace hay participado en él. Tuvo que ser pospuesto cerca de un mes mientras Avio se aseguraba de que la segunda etapa del cohete no estaba afectada por un posible fallo de producción pero afortunadamente todo ha salido bien y el satélite ya está en contacto con el control de la misión.

SMILE, de Solar wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer, Explorador de la relación entre el viento solar y la ionosfera, tiene como objetivo estudiar el campo magnético de la Tierra desde una órbita polar alta en rayos X, algo que no se había hecho hasta ahora.

Para ello entrará en una órbita altamente elíptica que lo llevará hasta 121.000 kilómetros sobre el polo norte, desde dónde hará sus observaciones, pero sólo a 5.000 sobre el polo sur, que es cuando transmitirá sus datos a Tierra. Tardará un mes en alcanzar su órbita definitiva mediante hasta once encendidos de sus motores.

Lleva a bordo cuatro instrumentos para cumplir con sus objetivos:

Ilustración que muestra dónde van instalados los instrumentos
Smile y sus instrumentos – ESA

  • El Soft X-ray Imager (SXI), una cámara de rayos X que servirá para determinar la ubicación, forma y movimiento de los límites de la magnetosfera terrestre;
  • El UV Imager (UVI), una cámara que ve en el espectro delos ultravioleta y que servirá para determinar la interacción entre los límites de la magnetosfera y las partículas cargadas que dan lugar a las auroras boreales, lo que podrá hacer tomando muestras cada 60 segundos durante hasta 40 horas seguidas gracias a la órbita elíptica de la misión;
  • El Light Ion Analyser (LIA), un instrumento que analizará las propiedades y el comportamiento de los iones del viento solar y de la magnetosfera en diversas condiciones mediante la medición de la distribución tridimensional y de la velocidad de los protones y las partículas alfa;
  • Y el Magnetómetro (MAG), que permitirá determinar la orientación y la intensidad del campo magnético en el viento solar y la magnetosfera, así como para detectar cualquier onda de choque o discontinuidad del viento solar que alcance al satélite

Está previsto que Smile comience a recoger datos en julio, una vez desplegado el mástil en el que va montado el magnetómetro, abiertas las cubiertas de las cámaras, y confirmado que todo funciona según lo previsto.

La misión tiene una duración prevista de tres años.

Con Smile podremos observar por primera vez simultáneamente el impacto de los vientos solares y la respuesta de la Tierra. Esto mejorará nuestros modelos del entorno magnético terrestre y nos permitirá ir respondiendo a preguntas como qué ocurre cuando el viento solar choca con el escudo magnético de la Tierra, qué provoca las anomalías magnéticas en el lado oculto de la Tierra o cCómo podemos predecir con mayor antelación las tormentas magnéticas más peligrosas. Y, en última instancia, nos ayudará a protegernos del viento solar.

La ESA se ha encargado de poner el módulo que alberga la carga útil del satélite, el lanzador, y las instalaciones y servicios de ensamblaje, integración y ensayo, y se encargará de gestionar la misión una vez que Smile esté en órbita. También pone el SXI.

CAS, por su parte, ha puesto la plataforma de la nave espacial con sus sistemas de propulsión, guiado, comunicaciones y energía, y es responsable de operar la nave espacial en órbita. También ha puesto los otros tres instrumentos científicos, aunque la ESA ha contribuido al UVI.

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Por @Wicho — 18 de Mayo de 2026

Vista nocturna de parte de la Tierra desde el espacio

Me ha encantado que por fin la Agencia Espacial Europea parezca haber decidido dejar de ser el pagafantas en su relación con la NASA¹ y que Josef Aschbacher, su director general, haya publicado el artículo titulado ¿Somos pilotos o pasajeros?

Este es su texto completo:

Los recientes cambios introducidos por Estados Unidos en la arquitectura del programa Artemisa indican que el panorama de la exploración espacial tripulada está cambiando rápidamente. Las decisiones de suspender temporalmente el proyecto Gateway y cancelar la misión de retorno de muestras de Marte trastocan los planes de exploración lunar de Europa, lo que pone de relieve una realidad más amplia: Europa se ha vuelto demasiado vulnerable a decisiones que escapan a su control.

Europa debe decidir si prefiere depender de otros para enviar a sus exploradores al espacio o asumir su papel como potencia espacial plenamente capaz. Como director de la Agencia Espacial Europea (ESA), estoy convencido de que los vuelos espaciales tripulados autónomos no son un lujo. Son un pilar necesario para que Europa garantice su libertad a la hora de aprovechar los beneficios científicos, económicos, estratégicos y geopolíticos del espacio, y para inspirar a una nueva generación a dar forma al futuro de Europa.

A través de la iniciativa Explore2040 de la ESA, los Estados miembros ya han acordado una estrategia de exploración coherente, sentando las bases para que Europa cuente con su propia capacidad de vuelos espaciales tripulados y robóticos. Sin embargo, las decisiones políticas nunca han ido lo suficientemente lejos como para alcanzar la plena autonomía en la exploración tripulada, una vacilación que ha tenido consecuencias duraderas. Para subsanar esta situación, necesitamos ahora la voluntad política necesaria para ajustar y acelerar la hoja de ruta.

A lo largo de décadas, la ESA ha desarrollado misiones y sistemas de primer orden en los ámbitos de la observación de la Tierra, la navegación, la ciencia y la tecnología, que pocos actores a nivel mundial pueden igualar. Desde la creación del sistema de observación de la Tierra más completo del mundo con Copérnico, hasta la puesta en marcha de Galileo como referencia mundial en navegación por satélite; desde el liderazgo de misiones científicas emblemáticas que redefinen nuestra comprensión del universo, hasta el desarrollo de las tecnologías que impulsan la exploración robótica, la ESA ha traducido sistemáticamente la ambición europea en realidad operativa. Esta experiencia acumulada no es casual: es precisamente lo que da a Europa la credibilidad para ser artífice de su propio futuro en materia de exploración.

Las alianzas y la cooperación internacional son pilares fundamentales del enfoque espacial de Europa, y esto no va a cambiar. La reputación de fiabilidad de la ESA se ha forjado gracias al cumplimiento puntual de sus compromisos y al más alto nivel de rendimiento. Por eso los socios eligen sistemáticamente trabajar con la ESA. Sin embargo, debemos tener cuidado de no permitir que la cooperación derive en dependencia. El entorno actual exige tanto asociaciones internacionales diversificadas como capacidades autónomas reforzadas para evitar puntos únicos de fallo, ya sean políticos, técnicos o estratégicos. Solo en estas condiciones puede Europa decidir cuándo actuar de forma independiente y cuándo cooperar a nivel mundial, protegiendo nuestras inversiones y nuestra base industrial en medio de la incertidumbre geopolítica.

Nuestros ingenieros y científicos se encuentran entre los mejores, nuestra industria es del máximo nivel y nuestro modelo institucional de unir a múltiples naciones en torno a objetivos comunes, al tiempo que se da prioridad a la seguridad, la legitimidad y la ciencia, es estable y ha demostrado su eficacia. La fuerza colectiva de 23 Estados miembros dista mucho de ser una limitación. Esta diversidad es nuestro mayor activo —desde el punto de vista financiero, político, industrial e intelectual— y confiere a nuestras decisiones comunes una continuidad y una resiliencia que perduran más allá de los cambios en la política nacional.

Pero esta fortaleza solo existe si actuamos juntos. La fragmentación nos debilita; la unidad nos fortalece. Las naciones europeas deben resistir la tentación de encerrarse en sí mismas, trazando caminos en solitario hacia la Luna y más allá. A largo plazo, ningún Estado miembro puede lograr por sí solo lo que podemos lograr juntos. Dentro de su marco multilateral de confianza, la ESA vela por los intereses de sus Estados miembros garantizando que las decisiones se tomen de forma colectiva y que las prioridades nacionales se traduzcan en logros comunes.

El panorama cambiante que estamos presenciando no comenzó ayer. Cuando Europa tomó la difícil pero necesaria decisión de poner fin a la cooperación con Rusia en ExoMars o en el envío de nuestros astronautas al espacio, comprendimos que estábamos reduciendo nuestras opciones. El contexto actual no es una sorpresa, sino un impulso para actuar con decisión en respuesta a un panorama geopolítico en constante transformación. Debemos aprovechar este momento desafiante y convertirlo en una oportunidad para redefinir nuestra posición.

No hay tiempo que perder. Ya se ha fijado una conjunción excepcional de decisiones políticas y hitos de financiación: el Consejo de la ESA en junio, la Cumbre Espacial Internacional en septiembre, el Consejo Ministerial Intermedio de la ESA sobre exploración en diciembre y el Consejo Ministerial pleno en 2028. Paralelamente, la Unión Europea está ultimando su Marco Financiero Plurianual para el periodo 2028-2034. Nunca ha habido un mejor momento. Si empezáramos hoy, aún nos llevaría muchos años desarrollar la capacidad autónoma; debemos actuar con rapidez. El coste de la inacción superaría con creces la inversión necesaria.

Si no es ahora, ¿cuándo? Si no es la ESA, ¿quién?

La historia no esperará a que Europa se sienta cómoda y preparada; seguirá adelante con o sin nosotros. La elección que se le plantea a Europa es clara: ¿llevamos el timón o somos meros pasajeros? Tenemos todo lo que necesitamos. Lo que falta es la confianza y la voluntad política para actuar.

[Traducido con ayuda de la versión gratuita de DeepL.com]

_____
¹ Esta es mi interpretación del texto, que sin duda Aschbacher no ha publicado por libre sino con el permiso y consenso de los estados miembros²; pero también se aplica a lo que pasó con Roscosmos tras la invasión de Ucrania, aunque ahí la decisión de cortar relaciones fuera por nuestra parte.

² O de la mayoría de ellos, porque lo de la fragmentación, de nuevo desde mi punto de vista, es una llamada de atención a países como Alemania, Francia o Italia, que no siempre reman a favor de corriente.

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Por @Wicho — 18 de Mayo de 2026

Un festival aéreo que se celebraba ayer en la Base de la Fuerza Aérea Mountain Home en Idaho terminó de forma abrupta cuando dos Boeing EA-18G Growler, una versión especializada en guerra electrónica del F-18, que estaban haciendo su exhibición colisionaron en el aire, se quedaron enganchados, y se estrellaron.

Afortunadamente el choque fue a poca velocidad relativa, con lo que los cuatro tripulantes pudieron eyectarse en sus asientos Martin-Baker y apenas recibieron unas heridas leves.

La descripción
El equipo de demostración de los Growler de la Marina en una foto de 2024; no está claro que se trate de los aviones siniestrados ayer – Guardia Aérea Nacional/Dale Greer

Es muy pronto para saber qué falló y sobre todo por qué y cómo se quedaron enganchados, lo que es casi lo más sorprendente de todo, quién perdió de vista a quién, o lo que sea. Tampoco sabemos si las dos tripulaciones se lanzaron insultos una a otra mientras descendían a tierra bajo sus paracaídas. Ni si la tripulación del avión que quedó debajo del otro compró lotería porque la verdad es que volvieron a nacer –aún más que sus compañeros- gracias al hecho de que su cabina y por tanto la trayectoria de escape de sus asientos no quedó cubierta por el otro avión.

La descripción
Tras el accidente de ayer los asientos Martin-Baker llevan 7.820 vidas salvadas

Pero sea como sea ha sido una pérdida costosa, ya que en el momento de su adquisición cada uno de los aviones debe haber costado unos 62,5 millones de dólares. Y una pérdida irreparable, pues la línea de producción del Growler está cerrada.

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